Edición independiente como resistencia cultural y política

Óscar Castillo Rojas

Ponencia en el X Congreso Iberoamericano de Editores

San Salvador, El Salvador, 30 de marzo, 2014

Fotografía de Caleb Angel 

 

En un foro como este seguramente resulta ocioso describir el proceso de globalización en el campo cultural y sus efectos en el mundo de la edición mundial, de sobra conocidos a partir de las descripciones hechas por André Schiffrin en el clásico “La edición sin editores”, y las transformaciones en las formas de comercialización del libro descritas en el también clásico “La industria del libro”, de Jason Epstein. El tema ha sido tratado, además, en cientos de libros, foros, artículos y documentos.

 

Lo mencionamos ahora en tanto dichos procesos son el marco histórico que le dan sentido, en gran medida, a la existencia de una parte muy importante de las editoriales independientes de hoy en el mundo y, en particular, de nosotros.

 

Este marco histórico explica nuestra necesidad de producir y divulgar bibliodiversidad, misión que entendemos como una forma de “resistencia cultural”. Las editoriales independientes que trabajamos por la bibliodiversidad somos agentes de la resistencia local y mundial, frente a los embates transculturizadores del fenómeno editorial de gran escala.

 

La reivindicación de los fenómenos culturales autóctonos, incluidas la expresión de las sensibilidades y la creatividad literarias y discursivas en general, afectan la imposición de sensibilidades, valores y discursos ajenos y propios de los poderes de la globalización y su consecuente transculturización. Por eso la bibliodiversidad, además de resistencia cultural, es también resistencia política.

 

Podría parecer que estamos echando mano de un recurso retórico para lograr una impresión efectista, pero no, nos resulta importante porque modifica el enfoque que intentamos dar a nuestro planteamiento mercadológico y comercial.

 

Antes, sin embargo, se impone una aclaración, quizás también redundante, en el sentido de que no nos inspira, ni por asomo, un planteamiento nacionalista o chauvinista de ningún tipo. La expresión de lo específico y particular no se opone a su posible vocación de universalidad; de la misma manera que somos capaces de apreciar, disfrutar y defender la cultura universal y sus diversas expresiones nacionales o locales, sin que esto implique necesariamente la sumisión a efectos transculturizadores.

 

No queremos entrar en la discusión sobre la definición de qué se entiende por editoriales independientes. Sin embargo, sí queremos aclarar que nos referiremos a aquellas que realizan su trabajo en forma profesional, entendiendo por esto lo que define Gilles Colleu en su libro “La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad”:

 

“La diferencia entre un editor aficionado y uno profesional va más allá del manejo de la habilidad propia del oficio. Radica más en la comprensión de que no es suficiente realizar esfuerzos para que los libros existan como objetos, sino que es indispensable ponerlos a disposición de los lectores como soportes culturales.”

 

 

 

Esta misma idea la solemos expresar por nuestra parte, insistiendo en que nuestra principal y más difícil tarea no es HACER libros, sino DESHACERNOS de ellos.

 

En Centro América existen una buena cantidad de editoriales independientes que centran su esfuerzo en la producción de libros muy hermosos o de contenidos literarios exquisitos, que se publican por hobby de los editores o por encargo de los autores, y que difieren precisamente del concepto de editoriales profesionales expresado.

 

La distribución de estas editoriales, cuando se hace, se caracteriza por ser de muy bajo volumen, selectiva y dirigida a un nicho culto y delicado, lo que la hace elitista o, en parangón con el hecho político, adolece de una vocación sectaria propia de algunos grupos rebeldes de iluminados. Por supuesto que es válido que esto se haga, cuando resulta de los objetivos que se planteen sus actores, pero esta distribución es contraria a la vocación reivindicativa de la diversidad cultural y de trascendencia social y, en consecuencia, difiere del carácter de resistencia cultural y política que nosotros le vemos a nuestro oficio.

 

Es, además, una distribución muy poco rentable, entendiendo que en nuestro caso la rentabilidad es una condición de subsistencia y no nuestra razón de ser. Nuestra política comercial es la consecuencia de la política editorial y no al revés, como sería si la política editorial resultara de la política comercial.

 

Por otra parte, el medio librero centroamericano es pequeño y limitado, y ofrece pocas posibilidades de sostener un proyecto editorial con alternativas selectivas de mercadeo y distribución.

 

Por eso creemos que nuestra política comercial debe ser un híbrido que arranca de nichos específicos y se abre a segmentos de mercado más amplios, que hagan posible el cumplimiento de su misión cultural y política, además de facilitar su supervivencia. También creemos que nuestras prácticas de mercadeo y ventas deben combinar prácticas tradicionales con nuevas alternativas, copiando de otras latitudes cuando corresponda, pero reinventándonos si es posible.

 

Así, a pesar de las transformaciones y el debilitamiento de la red de distribución en cada uno de nuestros países, debemos pensar en fortalecer nuestra participación en ella.

 

Las últimas 2 o 3 décadas, especialmente después de la pacificación del área, han surgido cadenas y nuevas empresas libreras que, junto con algunas antiguas, ofrecen principalmente escaparates para la venta de bestsellers, pero que algunas veces nos abren algunos espacios. Entre estas se encuentran Sophos, Edinter y el FCE en Guatemala, Hispamer y Literato en Nicaragua, Guaymuras, Navarro y Coello en Honduras, La Ceiba, la librería de la UCA y La Casita en El Salvador, Exedra Books y El Hombre de la Mancha en Panamá y la Librería Internacional, la de la UCR y la Lehmann en Costa Rica. Esta última quizás es la librería más antigua de Centro América, ya con cerca de 120 años desde su fundación.

 

Sin embargo, en Costa Rica, simultáneamente han ido desapareciendo puntos de venta en zonas periféricas a la Gran Área Metropolitana, debido a las prácticas de varias editoriales de textos didácticos, a algunas políticas estatales sobre los libros y al fotocopiado. Solamente este año, por lo menos cuatro librerías nos han devuelto nuestros libros, por medio de la empresa distribuidora que nos ayuda en este aspecto. Vale la pena leerles un párrafo de la carta que envió el dueño y gerente de la Librería e Impresos Judith, de Puriscal, un cantón de aproximadamente 34 mil habitantes, a una distancia de hora y media de la capital:

 

“Con la guía # 101467 de Transportes SEP hemos enviado dos cajas de mercadería que se encuentra en consignación con este negocio. Dado que la mayoría de estos artículos muestra un movimiento muy lento, hemos decidido hacer la devolución […]. He notado que el Ministerio de Educación ha variado sustancialmente la lista de libros a utilizar en las escuelas principalmente y el fotocopiado indiscriminado, nos están ocasionando este rezago en la venta de libros.”

 

Recientemente hemos logrado acuerdos sobre el catálogo y sobre títulos específicos con algunas de las librerías centrales, porque estamos convencidos de que, ante las posibilidades tan reducidas de que disponemos, tenemos que basar buena parte de nuestra estrategia en las estructuras existentes. En otros países es posible hablar con cierta esperanza de las librerías independientes, pero en nuestro caso estas son apenas existentes.

 

El 12 de julio de 2012, cuatro editoriales independientes centroamericanas fundamos el Grupo de Editoriales Independientes de Centro América (GEICA), que en su acta de fundación expresó, sobre este tema:

 

“Es de gran importancia para la vida y difusión del libro en cada uno de nuestros países, el desarrollo de la red de distribución del libro, consolidando y profesionalizando puntos de venta existentes y nuevos en comunidades de nuestros países, así como la simplificación y fortalecimiento de las facilidades de circulación editorial intraregional, por lo que proponemos la creación de un programa de LIBRERÍAS PATRIMONIO CULTURAL CENTROAMERICANO, que estimule a las librerías a contar con espacios cercanos al treinta por ciento o más de su área comercial para la exhibición y venta de libros, siendo estos principalmente centroamericanos y nacionales de cada país. Este programa deberá ofrecer a dichas librerías estímulos fiscales, capacitación, facilidades crediticias y divulgación y publicidad.”

 

Más recientemente hemos decidido en Uruk que nos corresponde a nosotros intentar desarrollar estos puntos de venta, por cuanto pareciera que solamente a nosotros, los editores independientes, nos interesa.

 

Por ello estamos reactivando un viejo experimento que desarrollamos hace varios años en Costa Rica, al que llamábamos “Librería Andariega Abrapalabra”. Un pequeño toldo hexagonal de cerca de 10 a 12 m2, 6 estantes verticales hechizos y unas cuantas cajas para transportar los libros que luego nos servían de mesa de exhibición, combinados con la visita de nuestros autores a comunidades distintas de la capital, en lo que pretensiosamente llamamos “Jornadas culturales de Uruk”. Nos hemos propuesto encontrar aliados en distintos barrios y comunidades en los que podamos desarrollar algo que de momento llamamos “librerías de garage”. Nos inspiramos en la experiencia que hemos conocido de algunas librerías alternativas desarrolladas en ciudades españolas, por grupos de amigos en la sala o un aposento de una casa, con horarios de atención de tiempo parcial y después de cumplir horarios normales de trabajo. Este experimento, por supuesto, plantea dificultades y retos logísticos y administrativos que habrá que enfrentar y resolver.

 

GEICA, que originalmente nació con la participación de Raúl Figueroa de F&G Editores de Guatemala, Isolda Arita de Editorial Guaymuras de Honduras, Salvadora Navas de Anamá Ediciones de Nicaragua y este servidor en representación de Uruk Editores de Costa Rica, ha iniciado un plan de canjes de libros entre nosotros con el fin de incrementar el trasiego de libros intraregionalmente. A GEICA se ha incorporado más tarde Beatriz Rosales, de la editorial salvadoreña Arco Iris.

 

Mantenemos un esfuerzo sostenido por estar colectivamente en las diferentes ferias centroamericanas, además de la FIL de Guadalajara y, este año, también en la Feria de Fráncfort.

 

Finalmente, creemos de gran importancia combinar nuestros esfuerzos en la región y nacionalmente con otras editoriales, para ingresar eventualmente al mercado del libro electrónico, luego de resolver sobre los costos de ingresar a una plataforma de distribución y de aclarar una estrategia que explote correctamente la disponibilidad de dispositivos de lectura en el público lector, probablemente los teléfonos inteligentes y las tabletas digitales.

 

A esta altura de nuestra exposición podría quedar la duda sobre cuál era el parangón con la resistencia política que alegamos para diseñar nuestra estrategia de resistencia cultural. Clausewitz decía que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, y se nos antoja que nuestras jornadas culturales son formas de guerra de guerrillas o guerra irregular y que la eventual creación de librerías de garaje, o el fortalecimiento de las existentes, son el paso a una guerra de posiciones, igual que nuestra insistencia en compartir escaparates en las cadenas y librerías mayores, nuevas y tradicionales. También se nos ocurre ccomo un movimiento envolvente la presencia en ferias y eventos, así como el interés en poner un pie en la cultura digital de lectura.

 

Pero siempre hemos pensado que Clausewitz, con su visión militar, vio el asunto desde su trinchera y perdió la perspectiva histórica. Lo cierto es que “la política es la continuación –y sustitución– de la guerra por otros medios”, y esta visión da pie a sostener el pacifismo como estrategia de desarrollo, incluyendo la coexistencia pacífica.

 

Muchas gracias.

 

 

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