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Acá se trata de cómo discurre la poesía. Cómo fluye. Mejor dicho, cómo se construye y se reconstruye. De su diseño y arquitectura en el océano de las ideas y las palabras. Porque las palabras son crustáceos que representan, o simbolizan, su propio transcurrir, su devenir, su movimiento vital: su hábitat. Y ya lo sabemos: estamos rodeador de mar. Los crustáceos, como tantas criaturas, sobreviven en la frontera del agua y la tierra, del horizonte y el cielo, de la naturaleza y el hombre que se ha erigido, con prepotencia, en el sumo sacerdote del cosmos.
Adriano Corrales
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